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Este no es el típico artículo sobre teletrabajo durante una pandemia en el que te digo que te pongas ropa de calle para trabajar porque tienes que tomarte tu trabajo en serio. Llevar traje sólo proyecta la imagen que tenemos asociada a esa vestimenta, pero no significa que siempre haya más calidad profesional detrás de un traje que de un chándal.

Este artículo tampoco es una verdad absoluta demostrada científicamente. Es sólo mi opinión personal y mi respuesta a esos artículos que ponen nombres a situaciones mediocres para normalizarlas. O esos artículos en los que nos meten presión para que durante una pandemia tengamos que rendir al 200% en el trabajo, aprender 2 idiomas, leer 20 libros, ver 30 películas en VOS y además nos dicen que tenemos que ponernos cachas, o si no es que somos unos vagos.

Ah, que tú ya teletrabajabas

Para los que llevamos teletrabajando años no creo que este artículo descubra nada nuevo. Cada uno ya tendrá su rutina de trabajo hecha, sus manías y daría sus propios consejos. Este artículo está pensado para los recién llegados por obligación al al teletrabajo, debido a la crisis sanitaria mundial que estamos viviendo. Este texto es para vosotros.

Ten rutinas si te hacen sentir bien, pero no te agobies

Estamos esquivando el virus como podemos y rogando a diario que por favor ningún ser querido se contagie. Tenemos miedo. El mundo se ha sumido en un caos y en una violencia que está poniendo en jaque nuestros valores, creencias y tipo de vida. Los políticos y poderosos nos manipulan a través de redes sociales polarizándonos, haciéndonos creer que nuestro vecino es el malo de la historia por ser algo diferente a nosotros, para que así que no nos fijemos en ellos, que son los que nos roban, quitan derechos, recortan servicios básicos… Pero paro aquí.

Este artículo no es para generar malestar ni agobio. Este artículo es para decirte que te hagas el primer café de la mañana y te sientes a trabajar a gusto con tu bonito pijama de Pokémon.

Siéntete cómodo

Durante estos meses he leído artículos que tachan de vago o de poco profesional al que trabaja en pijama. ¿Y por qué no iba a estar bien hacerlo? Con tal de que te acuerdes de ponerte ropa de vestir cuando tienes videollamadas, el resto del día puedes estar cómodo con unas bermudas.

Siéntete bien y no te sientas culpable por ello. (No creo que haga falta decir que esto no quiere decir que no haya que ducharse. Me refiero a ponerse ropa cómoda después de la ducha. No a parecerse a Tom Hanks en Naúfrago en nuestras casas).

Vale ya de preocuparse por cosas menores que nos impone una sociedad. Llevar traje no te hace mejor en tu trabajo, igual que llevar sudadera con capucha no te hace más guay. Trabajar bien y ser amable tendría que ser lo que importara.

Sé responsable, el trabajo de otros depende del tuyo

Cada empresa habrá impuesto el teletrabajo con unas condiciones. Unos seguirán con el mismo horario que de oficina y otros más flexible. En cualquier caso, sé responsable con tus tareas. O si no tienes horario fijo, al menos ten presente que otros compañeros puede que sí por sus condiciones particulares, por lo que no esperes que te respondan emails a las 10 de la noche porque tú estés trabajando a esa hora. Creo que dentro de la locura hay que mantener una cordura para poder llegar a desconectar y a tener calidad de vida.

Un truco es que si trabajas a horas poco habituales, programes los emails para que se envíen al comienzo de la siguiente jornada laboral. Así no molestarás a nadie por las noches porque tenga el email configurado en el móvil.

No pierdas la cabeza: Cómo organizar las tareas de cada día

Ya tienes tu café, ya estás cómodo para trabajar. Pues ponte a ello. Que estés en casa vestido como quieras no quiere decir que te puedes relajar y leer el periódico deportivo nada más comienza tu jornada (Aunque sea una actitud bastante aceptada en oficinas…). Que tú hagas tu trabajo a tiempo hace que otros también puedan hacer el suyo. Si quieres trabajar lento y alargar tu jornada laboral cada día porque no tienes otra cosa que hacer, es tu problema, no el de tus compañeros. No eres el centro del universo. No justifiques tu vaguería o pasotismo argumentando que otros también lo son. No seas como esos a los que criticas.

Las interrupciones inevitables

No puedes controlar a qué hora va a llamar el cartero al portero, y puede que suceda en mitad de una reunión online. A mí me ha pasado. A otros en mis llamadas les ha pasado. Por mucho que lo intento no puedo controlar cuándo van a ladrar mis perras. Aunque estén en otra habitación sus ladridos se van a colar por el micrófono, y no es algo que me guste que suceda porque sé que es muy molesto. Y lo que no voy a hacer es poner ejemplos de tener niños en casa, porque no tengo y no me puedo imaginar lo difícil que tiene que ser compaginar el trabajar en casa con cuidar de ellos. Estas interrupciones no podemos evitarlas, sólo podemos intentar manejarlas lo mejor posible para molestar poco al resto, y desear que el resto sean comprensivos.

Es una época difícil

Estamos cansados. Agotados psicológicamente. Todos, de manera más o menos cercana habremos sufrido pérdidas humanas en estos meses. Y no sabemos cuándo vamos a volver a la normalidad ni qué tipo de normalidad va a ser. Ojalá haya cosas que cambien y que de todo lo que estamos viviendo aprendamos a valorar más lo que de verdad importa.

Yo me he vuelto infinitamente menos consumista. Con cada compra pienso en cómo afecto al planeta, por pequeño sea mi impacto. ¿Para qué quiero más figuras de plástico para mis estanterías donde ya no caben? ¿Para qué quiero comprar tantos juegos de lanzamiento en ediciones súper caras, que luego voy a tardar meses o algún año en comenzar a jugar, porque tengo muchísimos otros pendientes? Con la de camisetas que tengo el armario súper chulas, ¿de verdad necesito otra más cuando mi ropa está en buen estado? Trabajamos todo el día para pagar objetos que llenen nuestro vacío, porque no tenemos tiempo libre suficiente, ni energías, ni nos queda dinero, para llenarlo con experiencia con nuestros seres queridos. Que le den a los treinta Funko Pop de Juego de Tronos que tengo en una estantería a la que nunca miro.

Seamos buenos, tengamos empatía, pensemos que estamos todos jodidos y que cada uno está superando la situación como puede. Hagamos en la medida en la que podamos el día más fácil a la gente que nos rodea, en este caso refiriéndome al trabajo, porque ser buenas personas sí es algo que podamos controlar nosotros. Entendamos los errores humanos, que no son lo mismo que hacer las cosas mal por dejadez. Bastante mal están las cosas como para añadir nosotros leña al fuego de las vidas de otros con pequeñas tonterías a diario.

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